Sal

Me dejé atrapar por La Tempestad de Roberto Ángeles y ahora quiero ser actor

08.11.2017

Estaba con muchas ganas de ver esta puesta en escena. Me llamó la atención que La Tempestad sea la última obra que escribió William Shakespeare y también que haya sido la seleccionada para cerrar las celebraciones por los 80 años del Británico. Y no fue fácil decidir el día, así que si la tienes en tu radar y aún no has comprado tu entrada, ¡hazlo ya! Durante un mes encontré funciones agotadas. No hubo posibilidad de ir un viernes, así que opté por verla un lunes. No es por meter presión pero cuando estuve en la taquilla del Teatro Británico, vi a muchas personas que no lograron entrar porque no llegaron a tiempo para comprar sus entradas. Felizmente, yo lo hice a través de Atrápalo y disfruté de una de las mejores obras del año.

Reparto La Tempestad dirigido por Roberto Ángeles - Foto de René Funk

En La Tempestad, los personajes están inmersos en un mundo en el que la venganza de un exiliado con conocimientos de magia y hechicería corrompe la realidad a su antojo. Él es Próspero, el duque de Milán, traicionado por su hermano y enviado a morir junto a su hija Miranda a una isla desde la que espera y planea su revancha.

La Tempestad te sumerge desde el principio en la historia. Es uno de los mejores inicios que he visto. Su potente diseño de sonido se encarga de sumergirte en la furia del mar, el coreográfico lenguaje corporal de los actores expresa la adrenalina de estar al vaivén de una embarcación en peligro, la iluminación aporta con creces a la plasticidad de los cuerpos, le otorga vulnerabilidad en su lucha por sobrevivir a lo que parece un imponente desastre natural. En serio, tu butaca está inalterable pero te aseguro que el vértigo se apoderará de ti durante los primeros minutos.

Renato Rueda como Calibán en La Tempestad - Foto de René Funk

Este cuidado en la puesta en escena se mantiene durante toda la obra. Estas cualidades son factores valiosos para el desarrollo de la historia y no deja de sorprenderte durante los 140 minutos del montaje. Eso sí, lo más resaltante es la dirección artística, que aprovecha y potencia las características de cada actor: Alberto Ísola interpreta a un protagónico Próspero de carácter férreo e impenetrable; nuevamente Gonzalo Molina está preciso dándole voz al sensato y reflexivo Gonzalo; la joven Mariananda Schempp logra transmitir gracilidad y la nobleza de espíritu de Miranda.

Dos fueron mis favoritos: Andrés Salas en el papel del tierno espíritu Ariel y Renato Rueda bajo el rol del intrigante Calibán. Sus cuerpos se contornean y por momentos parecen volar, parecen concebidos por la naturaleza misma en todo su primitivismo y armonía. Empatizan contigo porque son seres que nacieron libres pero se ven sometidos a los designios de un despótico Próspero. Notable es el momento de la persecución en el que ambos desafían la gravedad y tienen un gran manejo del espacio.

Andrés Salas en su papel de Ariel para La Tempestad - Foto de René Funk

En serio, verlos provocó en mí las ganas de actuar, de conocer ese proceso en el que una persona logra internalizar la esencia de un personaje, de acercarse un poco más a la complejidad humana y transmitirlas con lirismo. Si bien, ellos se ganan las palmas, este también es un trabajo de Roberto Ángeles, director de la obra y formador de toda una escuela de actores. Ambos fueron parte de su tradicional Taller de Formación Actoral. Luego de ver su conmovedora dirección en La Tempestad, estoy pensando seriamente en lanzarme a esa aventura. Se viene el día de la audición en Enero y el monólogo de Segismundo de Pedro Calderón de la Barca ya está en mi mente.

*Las excelentes fotografías pertenecen a René Funk.

Próspero y Miranda, personajes de La Tempestad - Foto de René Funk

 

davidtipto

La Palabra es kamikaze

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